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Del pecho al biberón

Publicado hace 6 meses por Redacción . 261 visitas
 
 

La leche materna es única como alimento, porque, además de proporcionar todos los nutrientes que el niño necesita, se puede disponer de ella en cualquier momento. Sin embargo, por diferentes razones, la madre no puede dar el pecho o, aunque puede, la leche se le acaba pronto. Si esto ocurre, es necesario alimentar al pequeño con leche de fórmula.


Las leches de fórmula.


-Casi todas leches de fórmula proceden de la leche de vaca, modificada y adaptada de modo que se asemeje todo lo posible a la leche materna. Y es que, hasta los tres años, el niño no puede ser alimentado con leche de vaca. La concentración de proteínas y de sales minerales de este alimento no es adecuada para el sistema digestivo y renal del niño, que, hasta los tres años, no se ha acabado de formar. 


- Prácticamente, todas las leches de fórmula se presentan preparadas en forma de povo, aunque también podemos encontrarlas en forma de líquido. La leche en polvo, que debe diluirse, viene acompañada por una cuchara de plástico, que se utiliza para medir la dosis exacta. Las proporciones, tanto de leche como de agua, no deben alterarse por  ninguna razón. Si la madre exagera en la cantidad de polvo utilizada, aunque sólo sea por apretarla demasiado al llenar la medida, el bebé puede sufrir algunas molestias. Una leche muy concentrada puede provocar hipernatremia, es decir, exceso de sodio en sangre, que tiene como consecuencia la deshidratación del organismo del niño.


La leche de continuación. 



  • Este tipo fe leche está indicada para bebés que ya tienen seis meses, y suelen usar hasta el primer año de edad. La composición de las leches de continuación está específicamente pensada para cubrir las necesidades nutricionales de los bebés de esta franja de edad, y ser fácilmente asimilables para el apartado digestivo del pequeño.

  • Las leches de continuación tiene una cantidad adecuada de proteínas y estan enriquecidas con minerales (especialmente, hierro y calcio), vitaminas y ácidos grasos esenciales, elementos todos ellos presentes en cantidades pequeñas en la leche de vaca, y que son imprescindibles en una etapa tan fuerte de crecimiento. Es importante saber, que si adquirimos este tipo de leches en versión líquida, ya preparadas en sus envases, debemos conservarlas en el frigorífico y que, una vez abiertas, su contenido debe consumirse antes de 48 horas, con el fin de proporcionar las máximas garantías al pequeño.  

Fuente: www.bebesaludable.es
 
 
 
 
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